La lectura hoy en día sufre una crisis puesto
que está dejando de ser apreciada en nuestra sociedad. La sociedad a medida que
avanza incide en que la lectura debe adaptarse a los cambios que se producen,
es decir, aparecen los nuevos lectores que se benefician de la ésta mediante el
uso de las tecnologías y dejan a un lado los métodos de lectura tradicional.
En la escuela a menudo son impuestas lecturas
obligatorias que no están dotadas de una funcionalidad directa para el
alumnado. Estas lecturas no deben desaparecer, pero si deben tener un caracter
funcional para los niños y despertar en ellos el hábito y conocer la importancia de la lectura. Por ello, deben
distinguir entre lecturas obligatorias y lecturas voluntarias. En cualquiera de
los casos se desarrolla la competencia lectora del alumno, y éste es uno de los
objetivos más notables que en la escuela se fijan.
Por otro lado, la formación literaria es
progresiva y en los primeros años de vida deben conocer este término y todo lo
que de el se desprende. Finalmente el aprendizaje de la literatura desarrolla
una competencia literaria que permite además de otras tantas cosas, valorar la
literatura y disfrutar de ésta, siendo conscientes de la realidad y cultura en
la que estamos envueltos.
Opinión personal
La lectura, es un
proceso que se da en nuestra vida prácticamente a diario. Desde muy pequeños se
nos dice que ésta es una puerta que nos lleva al mundo del saber y del
conocimiento. Sin embargo, el problema aparece cuando siendo niños no hemos
sabido llegar a esa puerta o no nos han fomentado la lectura como se debería
haber hecho, para entenderla como una fuente de saber y placer que nos
enriquece.
En los
centros educativos tanto de primaria como de secundaria, la lectura por parte
de los alumnos suele ser vista como una obligación, es decir, los alumnos leen
las obras que los profesores escogen porque no hay más remedio; ya sea para
poder aprobar el examen que se les ha impuesto o entregar el trabajo
correspondiente. Si desde pequeños no disfrutamos de las obras que leemos,
difícilmente durante la adolescencia e incluso siendo adultos, podremos
hacerlo.
En mi opinión, los docentes deben formarse para
transmitir el gusto por la lectura. Para ello el propio maestro debe apreciar
este sentimiento positivo hacia la misma y dar una visión atractiva. Es lógico
que si no se ha tenido una formación literaria adecuada y en la mayoría de las
veces se han leído obras que no han interesado, los universitarios/as
actualmente lean poco y que no lo hagan por placer.
En relación al mundo educativo y a
la didáctica, todo esto es consecuencia inmediata del docente en la necesidad
de formar y desarrollar el intertexto lector del alumno/a que comienza a leer,
para que sus lecturas constituyan el fondo de conocimientos y, sobretodo, de
experiencias literarias. La lectura y la recepción, de múltiples producciones
literarias aportan saberes inferidos que se integran en la experiencia lectora.
Alicia Caballero Leal
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